11 may. 2011

Celos

Ese malvado duendecillo que se cierne sobre tu oreja no es el ángel o el demonio de tu cerebro, se llama Celos, pero puedes llamarle duende verde.

Él es un amigo fiel, una vez lo conoces no te va a abandonar nunca. Cuando sientes por primera vez su punzada, amigo, estás ligado a él para toda la vida.

Causante de una enfermedad crónica, habita en el alma de todos aquellos seres que sienten algún aprecio por algo en concreto y tienen miedo a perderlo, ya sea un miedo real o miedo imaginario.

El miedo no siempre tiene por qué ser real, como he dicho antes. Puedes tener miedo a perder ese objeto o persona por cualquier cosa: Por otra persona, por la hora, por la estación... pero tal vez no tengan nada que ver.

Esa sensación molesta de sentir los celos está impresa en la mente de los enamorados, aunque en unos más que en otros. Los que son más celosos, hacen sufrir a sus parejas con sus paranóicos pensamientos, que en muchos casos se parecen poco o nada a la realidad, mientras que los menos celosos suelen padecer los celos de la otra persona... hasta que un día los sienten también.

El duendecillo verde, desde la antigüedad, ha acompañado al ser humano con consecuencias catastróficas, como guerras o asesinatos (Unos por celos reales, otros por celos no reales) y ha inspirado gran cantidad de libros, novelas de teatro, películas y todo tipo de obras artísticas, pero eso no le exhuma de sus crímenes.

Todo esto, no puedes comprenderlo si no lo has sentido y sí, mientras escribo esto lo siento... el ataque de celos más fuerte que he tenido en mi vida.

Lo curioso es que lo que temo perder ya lo he perdido así que... ¿Por qué?

Malditos celos irracionales.

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